lunes, 19 de enero de 2026

Anjela Duval.

 

Anjela Duval me recuerda a mi abuela Clotilde. Las arrugas profundas, los vestidos oscuros, la mirada pícara, de “ezpeleta”. En algunas fotos, eso sí, lleva una boina como la de mi abuelo. Debió ser una mujer muy apegada a su terruño.



Hija única (sus hermanos murieron pronto), nació en 1905 y sólo pudo ir unos años a la escuela por culpa de una enfermedad ósea. Después, se hizo cargo de las tierras de la familia y de ellas, y en ellas, vivió hasta su muerte, en 1981. Pasada la cincuentena comenzó a escribir poemas en bretón, su lengua materna, y a publicarlos en revistas de la región. Debió alcanzar cierto éxito, porque en 1971 le dedicaron un programa en la televisión francesa. Tres cuartos de hora donde la entrevistan, primero en el campo y luego en su casa, junto al hogar. Un caserón de piedra, como los de la montaña aragonesa, en apariencia preparada para albergar mucha más vida que la suya, con la única compañía del perro al que abraza como si fuera el hijo que no tuvo.



Nunca se casó. Cuentan que, de joven, no siguió a su novio cuando partió a conocer mundo. La herida de esa ruptura la narra en el poema “Karantez vro”. Con versos sencillos, de sabor medieval, desgrana su historia y, a la vez, trasciende lo personal para convertirlo en una declaración de principios. Más allá, incluso, de la oda a su país, contrapone dos tipos de personas con dos visiones antagónicas del mundo, cuya tensión dialéctica acompañan al humano desde siempre. Acepta con resignación el fatum que su decisión implicó, reconoce que el dolor aún pervive, pero lo da por bueno porque le ha permitido ser ella. Duval es, en cierto modo, el reverso de Brassens. Uno provenzal, la otra bretona; el Mediterráneo cálido frente al frío Atlántico. El individualismo de uno y el apego a las raíces de la otra. La ciudad frente al campo. A lo mejor no fue casualidad que ambos murieran con una semana de diferencia. 

Este “Karantez vro”, musicado por el grupo Gwalarn y cantado por Veronique Autret, se ha convertido en la versión canónica y, por las numerosas existentes, deduzco que en una especie de himno. Poemas de Anjela Duval se pueden encontrar en internet, tanto en bretón como en traducciones al francés, pero sobre todo me atrae su imagen, me produce melancolía, como si viera a mi abuela contándome historias y chascarrillos junto al calor de la cocinilla.

                        KARANTEZ VRO.

En un rincón de mi corazón hay una herida

que llevo desde mi juventud,

porque, ay de mí, mi amado

no amaba lo que yo amo.

Él sólo amaba las ciudades,

los mares profundos, los países lejanos.

Yo sólo amaba los campos,

los bellos campos de mi Bretaña.

Entre dos amores tuve que elegir:

amar a mi tierra o amar al amado.

He consagrado la vida a mi tierra,

y el amado partió.

Desde entonces no volví a verlo

ni supe más de él.

En mi corazón sangra la herida,

porque no amaba lo que yo amo.

Cada uno debe vivir su destino,

así es la ley en este mundo

Magullado quedó mi corazón, claro,

pero él no amaba lo que yo amo.

Para él, riqueza y honores,

para mí, desprecio y vida humilde;

pero no cambiaría por ningún tesoro

mi tierra, mi lengua y mi libertad.

(La versión es mía, basada en las dos traducciones al francés que he leído. Si alguien conoce el bretón y la puede mejorar, se aceptan sugerencias).



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