viernes, 2 de enero de 2026

JAIME SAMPIETRO, UN GUIONISTA MEXICANO DE RAÍCES OSCENSES.

 

JAIME SAMPIETRO, UN GUIONISTA MEXICANO DE RAÍCES OSCENSES *


MIGUEL CARCASONA.


“España que perdimos, no nos pierdas”

Pedro Garfias.

 

            A veces, en la vida real, suceden casualidades que rozan lo inverosímil. Azares o encuentros fortuitos que incluso Auster consideraría excesivos para sus novelas. Esta historia arranca poco antes de la pandemia. Mi hijo Miguel, que gusta de explorar los arcenes del cine, me descubrió “La dictadura perfecta”, una sátira descarnada sobre los medios de comunicación dirigida por un mexicano, Luis Estrada, no muy conocido entre el gran público español y cuyos trabajos no suelen estrenarse en las salas de aquí. A partir de ella, durante el confinamiento, devoramos todo lo suyo que cayó en nuestras manos y contextualizamos su obra y la repercusión de esta. Sobre lo último, apuntar que sus películas arrasan en las taquillas de su país, donde han cosechado numerosos premios Ariel (el equivalente a nuestros Goya), junto a otros fuera de sus fronteras. O que la más reciente, “Que viva México”, producida por Netflix, la semana de su estreno fue la película de habla no inglesa más vista en la plataforma a nivel mundial y la tercera en el ránking general - en España ocupó el cuarto puesto. Durante el primer mes acumuló un visionado de 50 millones de horas.[1] 

            Como tengo la costumbre de leer los créditos me fijé que, en todas, firmaban los guiones el propio Luis Estrada y un tal Jaime Sampietro. Este apellido lo relacioné de modo automático con José Sampietro, maestro y oficial del ejército republicano, que combatió en la Bolsa de Bielsa junto a El Esquinazau y se exilió a México tras la Guerra civil. Allí se casó con Emiliana Claraco, paisana mía de Sangarrén - un pequeño pueblo a 14 km. de Huesca - que huyó a Francia en 1939, donde embarcó en el mítico Sinaia rumbo al país azteca. Compartió la travesía con personajes relevantes de la cultura, como nuestro Benjamín Jarnés o el poeta Pedro Garfias quien, a bordo, escribió el verso que encabeza estas líneas[2]. La corazonada se cumplió y Jaime Sampietro resultó ser el hijo del oscense y la sangarrenera.


El Sinaia al zarpar de Séte.

            Si algo define su perfil público es la casi ausencia de éste. La discreción alcanza límites sorprendentes para alguien de su talla. No aparece en el excelente documental “Las cerezas del exilio”, de Vicky Calavia – sobre una historia escrita por Alberto Sabio y con guion de Carlos Serrano - donde sí participan su madre Emiliana, su hermana Marina y su sobrino segundo Ernesto Casanova, presidente varios años del Ateneo Español de México, mencionado en los agradecimientos de casi todas las películas – junto a la familia Sampietro, en general - y que también desciende de Sangarrén, en cuyo castillo se filmó parte del documental. En las principales webs dedicadas al cine (Filmaffinity, Imdb, etc.) su ficha particular sólo contiene datos relativos a su filmografía, sin fotografías ni reseñas biográficas. El rastreo por internet ofrece resultados similares, salvo en un vídeo de 2011 subido a youtube, donde junto a Luis Estrada participa en un coloquio sobre “El infierno” con alumnos del Colegio Madrid de Ciudad de México. El Colegio Madrid fue fundado en 1941 gracias a los fondos de la Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles (JARE), con el fin de que los hijos de los refugiados accedieran a la enseñanza. A los alumnos de familias con precariedad económica se les proporcionaba manutención, ropa y transporte gratuitos.[3] Por sus aulas, además de Sampietro, pasaron Juan Villoro o Alfonso Cuarón, entre otros. En la actualidad sigue funcionando como un centro educativo más, con alguna particularidad: en el vídeo mencionado, editado por el propio Colegio, el nombre del orador se inserta en un rótulo cuyo fondo es la bandera republicana. Para encontrar las escasas imágenes suyas en la red hay que acudir a muros y cuentas en X de actores, subidas durante los rodajes o giras de promoción; aunque, curiosamente, mantiene un perfil en Instagram.


Jaime Sampietro en el Colegio Madrid. 2011.

En una definición rápida – e incompleta - las películas del dúo Estrada/Sampietro son una mezcla de Berlanga y Tarantino. La disección social y humana disfrazada de caricatura del primero, mezclada con las dosis de violencia normalizada del segundo. En varias entrevistas – donde, si es lo suficiente extensa, siempre menciona a su coguionista – Estrada expresa su admiración por el maestro español. La colaboración con Jaime Sampietro se remonta a los orígenes de su filmografía, formando una pareja inseparable que dura cuatro décadas. Los primeros trabajos fueron de un corte más tradicional, como "Bandidos", la historia de la amistad de dos muchachos en un entorno salvaje donde se mezclan la picaresca con una violencia se diría inherente a México. Ambas serán dos constantes en sus obras. En un papel secundario aparece Damián Alcázar, su actor fetiche a partir de “La ley de Herodes”. Algunos detalles esparcidos por el metraje podrían interpretarse como alusiones personales e históricas, aunque tal vez se trate de simples juegos. El protagonista se llama Luis, pero en la escena donde va a perder la virginidad con una prostituta afirma llamarse Jaime. Su papá es dueño de una fábrica de hilos, al igual que el del Jaime real: el matrimonio Sampietro-Claraco, una vez establecido en México, fundó Hilos El Jilguero, que se transformó en Hilos Omega y creció hasta convertirse en una potente empresa del sector. Actualmente la dirigen sus tres hijos. El colegio donde el preadolescente Luis estudia como alumno interno – porque su padre también estudió allí - es arrasado con ferocidad por los bárbaros rebeldes, en lo que parece una alegoría de la España arrasada por los fascistas. El chaval se salva de milagro y entra en contacto con los niños-bandidos, que se convertirán en su nueva familia tras quemar la única fotografía que conserva de la suya. Para esta nueva vida en la intemperie - ¿en el exilio? – debe abandonar su pesado equipaje y marchar con lo imprescindible. Aunque esta metáfora también se puede aplicar a Luis Estrada, hijo del cineasta José El Perro Estrada, y su relación con la historia del cine mexicano. Estos niños-bandidos, en todo caso, son vistos con ternura, algo que desaparecerá en sus obras mayores, parábolas de un país -y, por extensión, del mundo-, donde primará la visión irónica y trágica de la sociedad, sus ciudadanos y, sobre todo, sus gobernantes. La siguiente película, de 1993, se tituló “Ámbar” y supuso una inmersión en una temática que rozaba lo fantástico. Narra los recuerdos infantiles de Max, llevado por unos cazadores a una selva donde se topa con extraños personajes en busca de una piedra prodigiosa, el ámbar. La película fue galardonada en el festival de Sitges de 1994 con los premios a la Mejor fotografía y Mejor banda sonora. También, en la edición de los Ariel de 1993, consiguió 4 estatuillas relacionadas con los aspectos visuales. 




En su trayectoria hubo un punto de inflexión temático y de repercusión popular, en 1999, con el estreno de “La ley de Herodes”. Luego se sucederán, por este orden: “Un mundo maravilloso” en 2006, “El infierno” en 2010, “La dictadura perfecta” en 2014 y “Que viva México”, de 2023. Una pentalogía donde cada una representa una crítica mordaz del periodo presidencial que vive o ha vivido el país y, al mismo tiempo, de un “pecado capital” de nuestro tiempo. “La ley de Herodes”. (que se proyecta a los alumnos de la Facultad de Leyes), fue un fenómeno social. Refiere la época del PRI, aún en el poder durante su estreno, y sufrió un intento de censura que fracasó por la presión del público. La cinta, ambientada en 1949, comienza con el nombramiento de Juan Vargas, un insignificante miembro del partido, como alcalde de San Pedro de los Saguaros, ubicado en un estado imaginario donde, en palabras de Estrada, transcurren sus películas; el equivalente al faulkneriano condado de Yoknapatawpha. Lo que el ingenuo Vargas considera un premio a su fidelidad es, en realidad, una jugada del Gobernador; una cortina de humo para tapar un escándalo que podría perjudicar su próxima campaña electoral: el asesinato de su predecesor, linchado por una enfurecida multitud de vecinos hartos de su latrocinio. Las escenas del chasco de Vargas y su esposa al llegar al pueblo y descubrir su miseria, junto a las excusas del Secretario del Gobernador para negarle dinero y, además, reconvenirle por sus quejas, poseen un indudable paralelismo con el relato “Nos han dado la tierra”, de Juan Rulfo, donde la desilusión de los colonos ante el improductivo llano que se les ha concedido en la Reforma agraria es recriminada por el delegado del Gobierno revolucionario: “Ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra”.[4] Para callar a Vargas, el Secretario le regala un voluminoso “Compendio de las leyes federales y del Estado”, después de sacudirle el ingente polvo acumulado tras décadas inmóvil en el estante. Le aconseja que aplique las tasas necesarias - a través de multas, impuestos y demás gravámenes- para llenar el presupuesto, porque “el que no transa, no avanza”. Sin embargo, con esa herramienta en su mano, Vargas se olvida de llevar “la modernidad y la justicia social” al villorrio, pierde poco a poco los escrúpulos, transita de la buena intención a la demagogia y, de allí, a la eliminación de los rivales y al saqueo. Es México bajo la Ley de Herodes: o te chingas, o te jodes. Un ciclo de la corrupción no exclusivo de ese país y aquel momento histórico. Al señalar explícitamente al PRI como culpable, retratando unos estereotipos que muchos reconocían, el impacto de la película contribuyó a su derrota electoral en el 2000, tras setenta años de gobierno. Con ella, Jaime Sampietro, junto al resto de guionistas, ganó el premio Ariel al mejor guion. Además, consiguió otros 9 Ariel, entre ellos el de Mejor película. También se la distinguió, en la Seminci de Valladolid, con el premio a Mejor Actor (Damián Alcázar) y Mejor Fotografía.


            A partir de entonces, los estrenos de Estrada/Sampietro se aguardan con expectación. Además de la sátira de los diferentes periodos presidenciales, cada uno plasma uno de los jinetes que provocan el apocalipsis del Estado, en especial de las clases bajas. A la corrupción en “La Ley de Herodes” le siguió “Un mundo maravilloso” en 2006, la caricatura del neoliberalismo atroz y salvaje que hunde en la miseria a amplias capas de la población, aplicado durante el gobierno del PAN bajo el mandato de Vicente Fox (2000-2006). Ambientada en un futuro indeterminado, pero muy actual – valga la paradoja – narra en tono picaresco las aventuras y desventuras de Juan Pérez, un vagabundo condenado a la marginalidad, al que un suceso accidental convierte en héroe. Buscando cobijo durante una noche de diluvio universal, se cuela en el ultramoderno edificio de WFC (World Finances Center). Sube hasta una planta ya sin trabajadores y, cuando se ha acomodado en un sofá, la entrada del encargado de limpieza le hace huir por la ventana al estrecho saliente del muro. El limpiador cierra la ventana y Pérez comienza a gritar, pidiendo socorro a los pocos empleados que pasan por la calle, quienes creen que se intenta suicidar. La noticia es manipulada por un periódico opositor, que achaca el “suicidio” frustrado a la situación del vagabundo por culpa de la política económica del Gobierno. Juan Pérez se convierte en la chispa que prende el descontento social, pero también en el pelele baqueteado por unos y otros. Él mismo, consciente del escenario, pretende sacar algo de partido para cumplir su sueño: casarse con Rosita y tener una casa y un coche. No pide más a la vida. La deriva tragicómica de los hechos desembocará en un final salvaje. Como sucede con el resto de su filmografía, hay guiños entre las películas propias y otros con las ajenas: cuando la policía pregunta a Juan Pérez por sus apodos, uno de los que menciona es “Varguitas”, lo que lo enlaza con los Vargas de “La ley de Herodes” y “La dictadura perfecta”, que rodará años después. Igualmente, como en la primera, se repite “compadre Filemón” como nombre de vagabundo malhadado o aparece una referencia a una “fábrica de hilos”, en boca de un bombero que, por rescatar a Juan Pérez del alféizar, no pudo acudir a sofocar un incendio en ella. La “fábrica de hilos” en las películas de Luis Estrada es el equivalente al “austrohúngaro” en las de Berlanga. En otro momento, Juan le enseña a Rosita la casa de sus sueños, en la que ambos serían felices; con esa ilusión caminan por una senda, de espaldas a la cámara, en una mímesis de la escena final de “Tiempos modernos”, de Chaplin. Todo bajo la dulce melodía del “What a wonderful world” de Louis Armstrong. La película fue distribuida por la 20th Century Fox.

El narcotráfico, sus atrocidades y la descomposición social que conlleva no podrían quedar al margen de la cosmovisión del dúo. De ello se ocupan en “El infierno”, de 2010. Berlanga cede el puesto a Tarantino. La caricatura que a veces roza lo grotesco se minimiza hasta casi desaparecer. La banda sonora también olvida los alegres guiños al cine mudo de “Un mundo maravilloso” y adquiere tonos lúgubres. Los únicos detalles humorísticos que se esparcen a lo largo del metraje rozan lo cáustico: el padrino del protagonista, con el dinero sucio que este le proporciona, convierte su cochambrosa nave en un flamante taller. “Ahora sólo me faltan los clientes”, añade quejumbroso, sabedor de que nunca los tendrá en ese entorno mísero y violento. O los antiguos colegas, ya convertidos en pistoleros, se ríen del ingenuo Benny cuando, de vuelta tras su expulsión de los “Uniteds” (EEUU), expone su proyecto de montar una academia de inglés.  En “El infierno” se asienta el dúo de protagonistas sobre el que orbitan las restantes películas. Al fijo Damián Alcázar se le une Joaquín Cossío, en un papel que calará en la cultura popular de un modo insospechado: el Cochiloco. La gente usa frases del Cochiloco y la identificación con Cossío perdura a lo largo de los años, lo que le ha traído al actor momentos entrañables y otros no tanto: en alguna ocasión, quienes le han reconocido en una cantina e invitado a tequilas fueron narcos “de a veras”. Los dos forman una dicotomía habitual en el humor desde Laurel y Hardy a Pantomima Full, la interconexión entre un personaje delgado (Alcázar) y otro corpulento (Cossío). La química entre ambos actores quedará patente desde esta primera irrupción. Una química que se extiende al plano personal, a pesar de sus antagónicas opiniones políticas, en especial sobre el mandato presidencial de López Obrador. En “El infierno”, de nuevo, los personajes son presos de sus circunstancias personales, insertas en un sistema que les impide abandonar el círculo vicioso de la marginalidad. El padrino del Benny lo resume en una frase, cuando lo recibe tras los veinte años malvividos por éste en los “Uniteds”: “Me cae que no tienes idea en lo que se ha convertido este país: crisis, desempleo, violencia…”. Un discurso en el que incidirá el Cochiloco, principal pistolero del narco Reyes, cuando le confiese que la falta de oportunidades le empujó a ese tipo de vida. El sueño de Benny, como el de las mujeres de Juan Pérez y del alcalde Vargas en las anteriores películas, es poder emigrar en condiciones a los “Uniteds”. Sin embargo, su realidad los ata a San Miguel Arcángel, al que una mano anónima ha añadido una N en el cartel de entrada, convirtiéndolo en San Miguel Narcángel. Un pueblo perdido en el páramo que guarda mucha similitud con el San Pedro de “La ley de Herodes” y con La Prosperidad de “Que viva México”. Consiguió 9 premios Ariel, incluido el de mejor película, galardón que repitió en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

La siguiente escala de Estrada y Sampietro será “La dictadura perfecta”, estrenada en 2014, que tomará el título de una frase pronunciada por Mario Vargas Llosa en 1990: “México es la dictadura perfecta (…)  Porque es la dictadura camuflada, de tal modo que puede parecer no ser una dictadura, pero tiene de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura.”[5] En ella se retoma la sátira, en este caso reflejando el poder omnímodo de los Medios de Comunicación. Al inicio se parafrasea una anécdota real del presidente Vicente Fox, cuando dijo que los mexicanos, en EEUU, “están haciendo trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer”[6], aunque quien la pronuncia se identifica más bien con el entonces máximo mandatario, Enrique Peña Nieto. Después, una parte del guion se asemeja mucho a la denuncia aparecida en The Guardian sobre el acuerdo financiero entre Televisa, la más importante cadena mexicana de televisión y de contenido audiovisual en español, y el propio Peña Nieto cuando aún era candidato a la presidencia, por el que éste sería favorecido en las informaciones y programas de la cadena, mientras que se perjudicaría a su principal rival, López Obrador. Más allá de ese inicio y de las anécdotas locales, resulta universal su esbozo de la manipulación de la realidad por parte de los Medios, al servicio de gobernantes corruptos y grupos económicos de presión. El control ideológico de la población a través de sus mensajes, junto a la creación de ídolos de cartón piedra, son descritos sin piedad y con una valentía que trajo represalias: la misma Televisa se había comprometido a distribuir la película; al ver el producto final, rompió el contrato. Además, ocurrió algún otro incidente menor: Sergio Mayer, que interpreta al sucedáneo del presidente Peña Nieto, fue expulsado de un acto oficial en Los Pinos, sede de la Presidencia de la República.


Como sucede con las demás películas de Estrada y Sampietro, hay guiños que las interconectan. En este caso, Carmelo Vargas se presupone descendiente del Juan Vargas de “La ley de Herodes”, gobernador del mismo estado ficticio y con los mismos métodos mafiosos que su ancestro. En el elenco, además de la pareja Damián Alcázar / Joaquín Cossío, destaca Alfonso Herrera, que asumirá un rol aún más protagonista en “Que viva México”. Según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Cacine), “La dictadura perfecta” ocupa el décimo puesto en la lista de las películas más taquilleras en la historia del cine mexicano. En 2016, el Aula de cine de la Universidad de Zaragoza la proyectó en las tres capitales aragonesas, el 26 de octubre en Zaragoza y Huesca y el 31 del mismo mes en Teruel.


Jaime Sampietro, Joaquín Cossío, Alfonso Herrera y Luis Estrada. Guadalajara. 2014 (extraída del X – antiguo Twitter - de Alfonso Herrera)

             Después de esa última polvareda, la guinda a las anteriores, y a pesar del favor del público, ninguna empresa mexicana, pública o privada, quería financiar un nuevo trabajo del dúo Sampietro / Estrada. Al rescate acudió Netflix que, según Estrada, no impuso ninguna cortapisa en la temática. Así, con varios años de retraso por culpa de la pandemia, en 2023 se estrenó “Que viva México”. El título nos remite a la obra homónima, e inconclusa, de Sergei Eisenstein, y no es casualidad; Estrada afirma que, visualmente, tiene mucho del director soviético[7]. Aunque lo que despertaba un vivo interés era saber cómo enfocarían el gobierno de López Obrador y su “Cuarta transformación”, con el que en teoría existía más afinidad. En palabras del propio Estrada, la ecuación se resolvió reflejando el ambiente que vive el país y cavilando sobre la idiosincrasia mexicana: “Es una película con la que trato de explicarme qué somos los mexicanos (…) reflexiono sobre la polarización y la intolerancia en la que estamos metidos y está siendo alentada desde el poder presidencial. Cuando escribí el guion, adelantándome a lo que estamos viviendo, imaginé un país de todos contra todos, un clima que, ojalá me equivoque, puede tener serias consecuencias si no se detiene esta polarización e intolerancia[8]. Las consecuencias no se hicieron espera. AMLO - acrónimo de Andrés Manuel López Obrador - la trató de churro, al parecer sin haberla visto.[9] Las críticas en general, no han sido tan positivas como con las anteriores obras del dúo. Analizar las causas quizás nos llevan a terrenos que exceden lo cinematográfico. En “Que viva México” nadie se salva. Ni los poderosos, ni la ambiciosa y desmemoriada clase media, ni tampoco los de abajo, despojados de cualquier atisbo de conmiseración. De la burla no se libra ni el propio Jaime Sampietro, que se autoparodia en el patrón del protagonista, Pancho Reyes. Un patrón, símbolo del empresariado nacional, chabacano, fascistoide y soberbio, que amenaza con llevarse la fábrica a uno de esos países donde los obreros no protestan y trabajan como esclavos. Es dueño, por supuesto, de una fábrica de hilos y se llama Jaime Sampaolo.

Este “Pancho” Reyes, afanoso ejecutivo que ha prosperado gracias al esfuerzo de su familia en pagarle los estudios, y que una vez conseguido el ascenso social reniega de ella y de sus orígenes humildes, ha heredado el nombre de su abuelo. Un nombre que coincide con el del hermano-rival del narco y cacique José Reyes en “El infierno”, estableciendo uno más de los sutiles lazos entre las películas y las caracterizaciones implícitas de algunos arquetipos. El pueblo donde reside la numerosa parentela se llama La Prosperidad, creando un juego verbal con el apellido: son los Reyes de La Prosperidad. Una ironía de doble sentido, por la escisión de la familia en dos ramas: la de los auténticos reyes del condado - en el plano político y policial, interrelacionados - y la de los menesterosos. Pancho Reyes, en cambio, vive en Paradise Hill, donde “Vivir es un sueño”, en un paralelismo con la urbanización de clase media de “Un mundo maravilloso”, llamada “Bosques del Paraíso. Un lugar para hacer tus sueños realidad”. El paralelismo se repite cuando los pobres “okupan” la casa de los acomodados. Si en la de 2006 se cumplía el sueño de los primeros, en “Que viva México” se cumple la pesadilla de los segundos.


Luis Estrada, Alfonso Herrera y Jaime Sampietro durante el rodaje de “Que viva México”.

 

El último trabajo de Luis Estrada y Jaime Sampietro es una serie televisiva, "Las muertas", basada en la novela de Jorge Ibargüengoitia y también producida por Netflix, que la emitirá este 2025. Una nueva muestra de la bicefalia que forman ambos guionistas donde, de cara a la galería, Sampietro permanece siempre en segundo plano, salvo en momentos puntuales como su participación en los comités de selección de las películas mexicanas que participan en los Goya o los Óscar. Resulta difícil discernir el aporte de uno u otro en los textos escritos al alimón, y no me atrevo a categorizar simples impresiones, más todavía desconociendo la idiosincrasia mexicana, pero en algunas pinceladas creo reconocer el humor somarda aragonés.

España que perdimos, no nos pierdas”, escribió Pedro Garfias a bordo del Sinaia, en los versos que encabezan este artículo. “Guárdanos en tu frente derrumbada, / conserva a tu costado el hueco vivo / de nuestra ausencia amarga / que un día volveremos, más veloces” continúa el poema[10]. Quizás sea la hora de ese regreso, en la piel del hijo de quienes partieron. A pesar de su discreción, la trayectoria cinematográfica de Jaime Sampietro es amplia y brillante. Un guionista, en palabras de José Luis Sánchez Noriega, es en buena parte el co-autor de una película; y sin un buen guion no existe una buena película, porque es su esqueleto[11]. La calidad de su trabajo, bendecida por el éxito, merece ser conocida y reconocida en Aragón, especialmente en Huesca, la tierra de sus ancestros y con la que su familia mantiene fuertes vínculos.

 

 



[2] GARFIAS, Pedro. “Entre España y México” en “Poesía completa”. Ediciones La Posada. Córdoba. 1989. Pgs. 263-264.

[4] RULFO, Juan. “Nos han dado la tierra” en “El llano en llamas”. Ed. Cátedra. 1986. Pg. 42

[5] VARGAS LLOSA, Mario en el programa "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad", emitido por Televisa. Agosto de 1990. https://www.youtube.com/watch?v=iu60OuwuZtg

[8] Idem.

[10] GARFIAS, Pedro. Op. Cit. Pg.264

[11] SÁNCHEZ NORIEGA, José Luis. “Historia del cine”. Alianza Editorial. Segunda reimpresión, 2012. Pgs.185-186

* Artículo aparecido en el nº 192-193 de Rolde. Revista de cultura aragonesa. Zaragoza. Junio de 2025. 



 

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