JAIME SAMPIETRO, UN GUIONISTA
MEXICANO DE RAÍCES OSCENSES *
MIGUEL CARCASONA.
“España que perdimos, no nos
pierdas”
Pedro Garfias.
A
veces, en la vida real, suceden casualidades que rozan lo inverosímil. Azares o
encuentros fortuitos que incluso Auster consideraría excesivos para sus
novelas. Esta historia arranca poco antes de la pandemia. Mi hijo Miguel, que
gusta de explorar los arcenes del cine, me descubrió “La dictadura perfecta”,
una sátira descarnada sobre los medios de comunicación dirigida por un
mexicano, Luis Estrada, no muy conocido entre el gran público español y cuyos
trabajos no suelen estrenarse en las salas de aquí. A partir de ella, durante
el confinamiento, devoramos todo lo suyo que cayó en nuestras manos y contextualizamos
su obra y la repercusión de esta. Sobre lo último, apuntar que sus películas
arrasan en las taquillas de su país, donde han cosechado numerosos premios
Ariel (el equivalente a nuestros Goya), junto a otros fuera de sus fronteras. O
que la más reciente, “Que viva México”, producida por Netflix, la semana de su
estreno fue la película de habla no inglesa más vista en la plataforma a nivel
mundial y la tercera en el ránking general - en España ocupó el cuarto puesto.
Durante el primer mes acumuló un visionado de 50 millones de horas.[1]
Como
tengo la costumbre de leer los créditos me fijé que, en todas, firmaban los
guiones el propio Luis Estrada y un tal Jaime Sampietro. Este apellido lo
relacioné de modo automático con José Sampietro, maestro y oficial del ejército
republicano, que combatió en la Bolsa de Bielsa junto a El Esquinazau y se exilió
a México tras la Guerra civil. Allí se casó con Emiliana Claraco, paisana mía
de Sangarrén - un pequeño pueblo a 14 km. de Huesca - que huyó a Francia en
1939, donde embarcó en el mítico Sinaia rumbo al país azteca. Compartió la travesía
con personajes relevantes de la cultura, como nuestro Benjamín Jarnés o el
poeta Pedro Garfias quien, a bordo, escribió el verso que encabeza estas líneas[2].
La corazonada se cumplió y Jaime Sampietro resultó ser el hijo del oscense y la
sangarrenera.
El Sinaia al zarpar de Séte.
Si
algo define su perfil público es la casi ausencia de éste. La discreción
alcanza límites sorprendentes para alguien de su talla. No aparece en el
excelente documental “Las cerezas del exilio”, de Vicky Calavia – sobre una
historia escrita por Alberto Sabio y con guion de Carlos Serrano - donde sí
participan su madre Emiliana, su hermana Marina y su sobrino segundo Ernesto
Casanova, presidente varios años del Ateneo Español de México, mencionado en
los agradecimientos de casi todas las películas – junto a la familia Sampietro,
en general - y que también desciende de Sangarrén, en cuyo castillo se filmó
parte del documental. En las principales webs dedicadas al cine (Filmaffinity,
Imdb, etc.) su ficha particular sólo contiene datos relativos a su filmografía,
sin fotografías ni reseñas biográficas. El rastreo por internet ofrece
resultados similares, salvo en un vídeo de 2011 subido a youtube, donde junto a
Luis Estrada participa en un coloquio sobre “El infierno” con alumnos del
Colegio Madrid de Ciudad de México. El Colegio Madrid fue fundado en 1941
gracias a los fondos de la Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles (JARE),
con el fin de que los hijos de los refugiados accedieran a la enseñanza. A los
alumnos de familias con precariedad económica se les proporcionaba manutención,
ropa y transporte gratuitos.[3]
Por sus aulas, además de Sampietro, pasaron Juan Villoro o Alfonso Cuarón,
entre otros. En la actualidad sigue funcionando como un centro educativo más,
con alguna particularidad: en el vídeo mencionado, editado por el propio
Colegio, el nombre del orador se inserta en un rótulo cuyo fondo es la bandera
republicana. Para encontrar las escasas imágenes suyas en la red hay que acudir
a muros y cuentas en X de actores, subidas durante los rodajes o giras de
promoción; aunque, curiosamente, mantiene un perfil en Instagram.
En una definición
rápida – e incompleta - las películas del dúo Estrada/Sampietro son una mezcla
de Berlanga y Tarantino. La disección social y humana disfrazada de caricatura
del primero, mezclada con las dosis de violencia normalizada del segundo. En
varias entrevistas – donde, si es lo suficiente extensa, siempre menciona a su
coguionista – Estrada expresa su admiración por el maestro español. La
colaboración con Jaime Sampietro se remonta a los orígenes de su filmografía,
formando una pareja inseparable que dura cuatro décadas. Los primeros trabajos
fueron de un corte más tradicional, como "Bandidos", la historia de
la amistad de dos muchachos en un entorno salvaje donde se mezclan la picaresca
con una violencia se diría inherente a México. Ambas serán dos constantes en sus
obras. En un papel secundario aparece Damián Alcázar, su actor fetiche a partir
de “La ley de Herodes”. Algunos detalles esparcidos por el metraje podrían
interpretarse como alusiones personales e históricas, aunque tal vez se trate
de simples juegos. El protagonista se llama Luis, pero en la escena donde va a
perder la virginidad con una prostituta afirma llamarse Jaime. Su papá es dueño
de una fábrica de hilos, al igual que el del Jaime real: el matrimonio
Sampietro-Claraco, una vez establecido en México, fundó Hilos El Jilguero, que
se transformó en Hilos Omega y creció hasta convertirse en una potente empresa
del sector. Actualmente la dirigen sus tres hijos. El colegio donde el
preadolescente Luis estudia como alumno interno – porque su padre también
estudió allí - es arrasado con ferocidad por los bárbaros rebeldes, en lo que
parece una alegoría de la España arrasada por los fascistas. El chaval se salva
de milagro y entra en contacto con los niños-bandidos, que se convertirán en su
nueva familia tras quemar la única fotografía que conserva de la suya. Para
esta nueva vida en la intemperie - ¿en el exilio? – debe abandonar su pesado
equipaje y marchar con lo imprescindible. Aunque esta metáfora también se puede
aplicar a Luis Estrada, hijo del cineasta José El Perro Estrada, y su
relación con la historia del cine mexicano. Estos niños-bandidos, en todo caso,
son vistos con ternura, algo que desaparecerá en sus obras mayores, parábolas
de un país -y, por extensión, del mundo-, donde primará la visión irónica y
trágica de la sociedad, sus ciudadanos y, sobre todo, sus gobernantes. La
siguiente película, de 1993, se tituló “Ámbar” y supuso una inmersión en una
temática que rozaba lo fantástico. Narra los recuerdos infantiles de Max,
llevado por unos cazadores a una selva donde se topa con extraños personajes en
busca de una piedra prodigiosa, el ámbar. La película fue galardonada en el
festival de Sitges de 1994 con los premios a la Mejor fotografía y Mejor banda
sonora. También, en la edición de los Ariel de 1993, consiguió 4 estatuillas
relacionadas con los aspectos visuales.
En su trayectoria hubo
un punto de inflexión temático y de repercusión popular, en 1999, con el
estreno de “La ley de Herodes”. Luego se sucederán, por este orden: “Un mundo
maravilloso” en 2006, “El infierno” en 2010, “La dictadura perfecta” en 2014 y
“Que viva México”, de 2023. Una pentalogía donde cada una representa una
crítica mordaz del periodo presidencial que vive o ha vivido el país y, al
mismo tiempo, de un “pecado capital” de nuestro tiempo. “La ley de Herodes”.
(que se proyecta a los alumnos de la Facultad de Leyes), fue un fenómeno
social. Refiere la época del PRI, aún en el poder durante su estreno, y sufrió
un intento de censura que fracasó por la presión del público. La cinta,
ambientada en 1949, comienza con el nombramiento de Juan Vargas, un
insignificante miembro del partido, como alcalde de San Pedro de los Saguaros, ubicado
en un estado imaginario donde, en palabras de Estrada, transcurren sus
películas; el equivalente al faulkneriano condado de Yoknapatawpha. Lo que el
ingenuo Vargas considera un premio a su fidelidad es, en realidad, una jugada
del Gobernador; una cortina de humo para tapar un escándalo que podría
perjudicar su próxima campaña electoral: el asesinato de su predecesor,
linchado por una enfurecida multitud de vecinos hartos de su latrocinio. Las
escenas del chasco de Vargas y su esposa al llegar al pueblo y descubrir su miseria,
junto a las excusas del Secretario del Gobernador para negarle dinero y,
además, reconvenirle por sus quejas, poseen un indudable paralelismo con el
relato “Nos han dado la tierra”, de Juan Rulfo, donde la desilusión de los
colonos ante el improductivo llano que se les ha concedido en la Reforma
agraria es recriminada por el delegado del Gobierno revolucionario: “Ahora
váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da
la tierra”.[4] Para callar
a Vargas, el Secretario le regala un voluminoso “Compendio de las leyes
federales y del Estado”, después de sacudirle el ingente polvo acumulado tras
décadas inmóvil en el estante. Le aconseja que aplique las tasas necesarias - a
través de multas, impuestos y demás gravámenes- para llenar el presupuesto,
porque “el que no transa, no avanza”. Sin embargo, con esa herramienta
en su mano, Vargas se olvida de llevar “la modernidad y la justicia social”
al villorrio, pierde poco a poco los escrúpulos, transita de la buena intención
a la demagogia y, de allí, a la eliminación de los rivales y al saqueo. Es
México bajo la Ley de Herodes: o te chingas, o te jodes. Un ciclo de la
corrupción no exclusivo de ese país y aquel momento histórico. Al señalar
explícitamente al PRI como culpable, retratando unos estereotipos que muchos
reconocían, el impacto de la película contribuyó a su derrota electoral en el
2000, tras setenta años de gobierno. Con ella, Jaime Sampietro, junto al resto
de guionistas, ganó el premio Ariel al mejor guion. Además, consiguió otros 9
Ariel, entre ellos el de Mejor película. También se la distinguió, en la
Seminci de Valladolid, con el premio a Mejor Actor (Damián Alcázar) y Mejor
Fotografía.
El narcotráfico, sus
atrocidades y la descomposición social que conlleva no podrían quedar al margen
de la cosmovisión del dúo. De ello se ocupan en “El infierno”, de 2010.
Berlanga cede el puesto a Tarantino. La caricatura que a veces roza lo grotesco
se minimiza hasta casi desaparecer. La banda sonora también olvida los alegres guiños
al cine mudo de “Un mundo maravilloso” y adquiere tonos lúgubres. Los únicos
detalles humorísticos que se esparcen a lo largo del metraje rozan lo cáustico:
el padrino del protagonista, con el dinero sucio que este le proporciona,
convierte su cochambrosa nave en un flamante taller. “Ahora sólo me faltan
los clientes”, añade quejumbroso, sabedor de que nunca los tendrá en ese
entorno mísero y violento. O los antiguos colegas, ya convertidos en
pistoleros, se ríen del ingenuo Benny cuando, de vuelta tras su expulsión de
los “Uniteds” (EEUU), expone su proyecto de montar una academia de inglés. En “El infierno” se asienta el dúo de
protagonistas sobre el que orbitan las restantes películas. Al fijo Damián
Alcázar se le une Joaquín Cossío, en un papel que calará en la cultura popular
de un modo insospechado: el Cochiloco. La gente usa frases del Cochiloco y la
identificación con Cossío perdura a lo largo de los años, lo que le ha traído
al actor momentos entrañables y otros no tanto: en alguna ocasión, quienes le
han reconocido en una cantina e invitado a tequilas fueron narcos “de a veras”.
Los dos forman una dicotomía habitual en el humor desde Laurel y Hardy a
Pantomima Full, la interconexión entre un personaje delgado (Alcázar) y otro
corpulento (Cossío). La
química entre ambos actores quedará patente desde esta primera irrupción. Una
química que se extiende al plano personal, a pesar de sus antagónicas opiniones
políticas, en especial sobre el mandato presidencial de López Obrador. En “El
infierno”, de nuevo, los personajes son presos de sus circunstancias personales,
insertas en un sistema que les impide abandonar el círculo vicioso de la
marginalidad. El padrino del Benny lo resume en una frase, cuando lo recibe tras
los veinte años malvividos por éste en los “Uniteds”: “Me cae que no tienes
idea en lo que se ha convertido este país: crisis, desempleo, violencia…”. Un
discurso en el que incidirá el Cochiloco, principal pistolero del narco Reyes,
cuando le confiese que la falta de oportunidades le empujó a ese tipo de vida. El
sueño de Benny, como el de las mujeres de Juan Pérez y del alcalde Vargas en
las anteriores películas, es poder emigrar en condiciones a los “Uniteds”. Sin
embargo, su realidad los ata a San Miguel Arcángel, al que una mano anónima ha
añadido una N en el cartel de entrada, convirtiéndolo en San Miguel Narcángel.
Un pueblo perdido en el páramo que guarda mucha similitud con el San Pedro de
“La ley de Herodes” y con La Prosperidad de “Que viva México”. Consiguió 9
premios Ariel, incluido el de mejor película, galardón que repitió en el Festival
del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.
La siguiente escala de
Estrada y Sampietro será “La dictadura perfecta”, estrenada en 2014, que tomará
el título de una frase pronunciada por Mario Vargas Llosa en 1990: “México
es la dictadura perfecta (…) Porque es la
dictadura camuflada, de tal modo que puede parecer no ser una dictadura, pero tiene
de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura.”[5]
En ella se retoma la sátira, en este caso reflejando el poder omnímodo de los
Medios de Comunicación. Al inicio se parafrasea una anécdota real del
presidente Vicente Fox, cuando dijo que los mexicanos, en EEUU, “están
haciendo trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer”[6],
aunque quien la pronuncia se identifica más bien con el entonces máximo
mandatario, Enrique Peña Nieto. Después, una parte del guion se asemeja
mucho a la denuncia aparecida en The Guardian sobre el acuerdo financiero entre
Televisa, la más importante cadena mexicana de televisión y de contenido
audiovisual en español, y el propio Peña Nieto cuando aún era candidato a la
presidencia, por el que éste sería favorecido en las informaciones y programas
de la cadena, mientras que se perjudicaría a su principal rival, López Obrador.
Más allá de ese inicio y de las anécdotas locales, resulta universal su esbozo
de la manipulación de la realidad por parte de los Medios, al servicio de
gobernantes corruptos y grupos económicos de presión. El control ideológico de
la población a través de sus mensajes, junto a la creación de ídolos de cartón
piedra, son descritos sin piedad y con una valentía que trajo represalias: la
misma Televisa se había comprometido a distribuir la película; al ver el
producto final, rompió el contrato. Además, ocurrió algún otro incidente menor:
Sergio Mayer, que interpreta al sucedáneo del presidente Peña Nieto, fue
expulsado de un acto oficial en Los Pinos, sede de la Presidencia de la
República.
Como sucede con las
demás películas de Estrada y Sampietro, hay guiños que las interconectan. En
este caso, Carmelo Vargas se presupone descendiente del Juan Vargas de “La ley
de Herodes”, gobernador del mismo estado ficticio y con los mismos métodos
mafiosos que su ancestro. En el elenco, además de la pareja Damián Alcázar /
Joaquín Cossío, destaca Alfonso Herrera, que asumirá un rol aún más protagonista
en “Que viva México”. Según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica
(Cacine), “La dictadura perfecta” ocupa el décimo puesto en la lista de las
películas más taquilleras en la historia del cine mexicano. En 2016, el Aula de
cine de la Universidad de Zaragoza la proyectó en las tres capitales
aragonesas, el 26 de octubre en Zaragoza y Huesca y el 31 del mismo mes en
Teruel.
Este “Pancho” Reyes, afanoso
ejecutivo que ha prosperado gracias al esfuerzo de su familia en pagarle los
estudios, y que una vez conseguido el ascenso social reniega de ella y de sus
orígenes humildes, ha heredado el nombre de su abuelo. Un nombre que coincide
con el del hermano-rival del narco y cacique José Reyes en “El infierno”,
estableciendo uno más de los sutiles lazos entre las películas y las
caracterizaciones implícitas de algunos arquetipos. El pueblo donde reside la numerosa
parentela se llama La Prosperidad, creando un juego verbal con el apellido: son
los Reyes de La Prosperidad. Una ironía de doble sentido, por la escisión de la
familia en dos ramas: la de los auténticos reyes del condado - en el plano
político y policial, interrelacionados - y la de los menesterosos. Pancho
Reyes, en cambio, vive en Paradise Hill, donde “Vivir es un sueño”, en un
paralelismo con la urbanización de clase media de “Un mundo maravilloso”,
llamada “Bosques del Paraíso. Un lugar para hacer tus sueños realidad”. El
paralelismo se repite cuando los pobres “okupan” la casa de los acomodados. Si
en la de 2006 se cumplía el sueño de los primeros, en “Que viva México” se
cumple la pesadilla de los segundos.
El último trabajo de Luis
Estrada y Jaime Sampietro es una serie televisiva, "Las muertas",
basada en la novela de Jorge Ibargüengoitia y también producida por Netflix, que
la emitirá este 2025. Una nueva muestra de la bicefalia que forman ambos
guionistas donde, de cara a la galería, Sampietro permanece siempre en segundo plano,
salvo en momentos puntuales como su participación en los comités de selección de
las películas mexicanas que participan en los Goya o los Óscar. Resulta difícil
discernir el aporte de uno u otro en los textos escritos al alimón, y no me
atrevo a categorizar simples impresiones, más todavía desconociendo la
idiosincrasia mexicana, pero en algunas pinceladas creo reconocer el humor somarda
aragonés.
“España que
perdimos, no nos pierdas”, escribió Pedro Garfias a bordo del Sinaia, en
los versos que encabezan este artículo. “Guárdanos en tu frente derrumbada,
/ conserva a tu costado el hueco vivo / de nuestra ausencia amarga / que un día
volveremos, más veloces” continúa el poema[10].
Quizás sea la hora de ese regreso, en la piel del hijo de quienes partieron. A
pesar de su discreción, la trayectoria cinematográfica de Jaime Sampietro es amplia
y brillante. Un guionista, en palabras de José Luis Sánchez Noriega, es en
buena parte el co-autor de una película; y sin un buen guion no existe una
buena película, porque es su esqueleto[11].
La calidad de su trabajo, bendecida por el éxito, merece ser conocida y
reconocida en Aragón, especialmente en Huesca, la tierra de sus ancestros y con
la que su familia mantiene fuertes vínculos.
[2]
GARFIAS, Pedro. “Entre España y México” en “Poesía
completa”. Ediciones La Posada. Córdoba. 1989. Pgs. 263-264.
[4]
RULFO, Juan. “Nos han dado la tierra” en “El llano en llamas”. Ed. Cátedra.
1986. Pg. 42
[5]
VARGAS LLOSA, Mario en el programa "Encuentro Vuelta: La experiencia de la
libertad", emitido por Televisa. Agosto de 1990. https://www.youtube.com/watch?v=iu60OuwuZtg
[7]
https://confabulario.eluniversal.com.mx/la-satira-cinematografica-a-los-gobiernos-entrevista-con-luis-estrada/
18-marzo-2024.
[8]
Idem.
[9]
https://www.youtube.com/watch?v=a1x7KtvYZGs
29-marzo-2023
[10]
GARFIAS, Pedro. Op. Cit. Pg.264
[11]
SÁNCHEZ NORIEGA, José Luis. “Historia del cine”. Alianza Editorial. Segunda
reimpresión, 2012. Pgs.185-186
* Artículo aparecido en el nº 192-193 de Rolde. Revista de cultura aragonesa. Zaragoza. Junio de 2025.







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